Esta ventana...

Esta es una ventanita a las locas fantasías, vivencias e histerias que voy acumulando en esta carrera que se llama vivir, para mi Escribir es una suerte de necesidad primaria, un goce o exorcismo violento. Es la respiración del alma...No es foro de debate. Pero agradeceré tu comentario en el alma.
Besos, besos largos como ríos. Sofía

jueves, 19 de mayo de 2011

Agobio

Destrozos,
cansancio,
agobio,
pedazos que volaban por todas partes,
esquirlas que terminaban de fragmentarse bajo mis pies descalzos....

Y a seguir con la frente en alto, con la mirada ausente y cada vez mas metida en mi...
Soy de mirada triste y melancólica desde siempre digo, pero 
 lo soy desde que sentí el gesto agrio y el rechazo maternal.
La siberia materna logra milagros en los seres humanos,   a mi me indujo a refugiarme en las letras que curaban, que amaban, que absorbían y exculpaban.
Letras que seducen, que miman, que exigen y comprometen. Que tiran de ti, que te dan la espalda, que se ríen de ti, que se ríen contigo, que te aprisionan, te enajenan, te lanzan  puentes y te fabrican muros. Qu se convierten en amantes y padrotes, en chulos y madrinas, madre y padre, en hijo amantisimo y amante desgraciado.

Ya mi espalda susurraba, mis manos me dolían, había que dejarte ir. No podía respirar más y hasta mis pulmones se cansaban de compartir la intimidad.


Hoy te dejo ir , mi querido capitán . Estas autorizado a retirarte, en la marea siguiente ya serás historia, una muy bonita, una muy intensa por que solamente así aprendí a querer. Un beso frío en la sien enfebrecida, un trago de agua en mi desierto andar.
Sin remordimientos ya que no quedo materia pendiente,  exprimimos la pasión, aprendimos una lengua nueva en el mirar, en el tocar, degustamos nuestro mutuo ser . Le robamos horas al día y gritos al amanecer. 

Sin silencios sólidos como piedras, abrazando a mi viejo fantasma otra vez y bailando en espiral , siempre en espiral para alejarme de aquí. 


Besos, besos largos como río. Sofía


martes, 10 de mayo de 2011

Javier Sicilia, el sobreviviente

 Un poema que me gusta mucho del poeta Sicilia.

El sobreviviente

Toda ausencia es atroz
y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,
de las blancas raíces del pasado.
¿Hacia dónde volverse?;
¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;
¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?
¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,
el vacío insondable de la ausencia?
Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria
y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.
Mas las sombras, las sombras que la interpretación provoca
y nos separa de ellos,
las sombras con su viento todo lleno de la abierta ventana hacia el espacio,
las sombras donde no hay anunciación
trabajan nuestro hueco.
¿Será que ya no hay nada atrás de ellas,
o el oscuro dolor por nuestros muertos
-como el amanecer que empieza a medianoche,
a la hora más oscura de la noche-
anuncia su retorno en el sigilo?
¿No es tiempo de encontrarlos nuevamente
donde nada parece retenerlos,
así el roshi descubre el todo en el vacío que no contiene nada?
Tal vez sí, porque sus voces vienen de lo oscuro,
de su vacío vienen
como un rumor de río en un riachuelo,
como un dulce reclamo imperceptible,
como una tenue estrella entre las sombras
vienen sus voces, vienen desde lejos.
Óyelas, corazón, como sólo los mojes sabían escucharlas
atendiendo en el rezo su incesante llamado
con los pies en la tierra.
Así los escuchaban,
escuchando el arriba y el abajo,
preservando en sus tumbas el suelo que habitaron con nosotros.
No es así que tú puedes escucharlos en el espacio en sombras de un mundo interpretado.
Pero escucha la queja de lo Abierto,
el mensaje incesante, esa advertencia que viene desde lejos,
ese rumor tan suave que casi nadie escucha
y llega a ti de todas las iglesias,
como si en esas piedras, que guardan la memoria de los muertos,
habitara la llama de su estar con nosotros,
de su sola presencia en la resurrección
y descorriera un poco nuestras sombras.
Porque es difícil vivir en un mundo sin ellos,
difícil no sentir a nuestros muertos alimentando las obras de los hombres;
difícil no seguir sus costumbres, que apenas conocimos;
difícil habitar en las sombras
como un alucinado que repentinamente recobra la memoria
para luego volver a su intemperie;
difícil ver aquello que los hacía nuestros flotar en el espacio y diluirse.
Estar vivo es penoso,
y nosotros, nosotros, que los necesitamos con sus graves secretos,
nosotros, que sabemos que no podrán volver a un mundo interpretado,
a veces escuchamos, como un ligero viento, ascender de las sombras
la música primera
que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;
una nota tan tenue, tan pura como el Cirio
que promete su vuelta en medio de las sobras
y nos trae el consuelo

Cuentos sobre la mesa, a pedir de boca

Cuentos sobre la mesa, a pedir de boca










Una serie de historias alrededor de la comida es presentada en el libro Cuentos sobre la mesa, antologado por Sara Poot Herrera y que reúne textos de Julio Cortázar,  Gonzalo Celorio, Sergio Pitol y  Juan García Ponce, entre otros

La literatura y la comida siempre han favorecido una combinación seductora. La comida, además de una necesidad vital, es un placer que alienta nuestros sentidos, de forma tal que a través de una buena mesa, de una bebida provocativa, de un postre suculento y de un digestivo propiciatorio, puede un bon vivant, en el mejor sentido de término, experimentar sensaciones que seguramente dejarán una huella sensorial duradera.
Por esa razón, el tema de la comida resulta particularmente atractivo en la narrativa. Ya Cervantes nos describió algunos platos tentadores, como una olla de algo más vaca que carnero, los duelos y quebrantos, las perdices bien sazonadas. Más aún, los prodigios que expande el maestro de Santiago, según refiere el Conde Lucanor, en el primer cuento moderno de la literatura hispánica, se dan precisamente alrededor de una invitación a cenar.
Lo anterior viene a cuento --literalmente--, porque la UNAM copatrocinó un verdadero manjar literario: Cuentos sobre la mesa, editado por la ensayista, narradora, evidentemente gourmet, y profesora en la Universidad de California, Sara Poot Herrera.
El libro reúne cincuenta relatos que tienen como motivo principal o ambiental, la mesa. Se incluyen desde narraciones ya clásicas en lengua española como La cena de don Alfonso Reyes, hasta breves divertimentos como Mercado de Gonzalo Celorio. En este volumen se dan cita autores de muy diversos orígenes, corrientes o latitudes, pero que indudablemente tienen una característica común: todos los ahí reunidos han demostrado su gran calidad literaria. Encontramos textos de Julio Cortázar, Rosario Castellanos, Luisa Valenzuela, Sergio Pitol, Rosario Ferré, Juan García Ponce, entre muchos otros destacados narradores.
Esta carta literaria es muy apetecible y digna de un gran banquete literario. Augusto Monterroso, maestro indiscutible del texto breve, nos explica cómo fue que las plantas carnívoras se transformaron en vegetarianas; Juan Antonio Ramos da cuenta de los recovecos de quien encuentra una mosca en su plato; Margo Glantz nos refiere recetas familiares de cocina kosher, que hacen agua la boca; Juan José Arreola, con un dejo de nostalgia, evoca el paraíso perdido de las golosinas que preparaban acuciosamente sus hermanas.
Los estilos narrativos son naturalmente diversos: la elocuencia verbal de María Luisa Mendoza contrasta con la sobriedad de Sergio Ramírez. Los motivos temáticos son evidentemente dispares ya que van desde la triste historia del desafortunado aventurero yankee que termina llorando por un vaso de leche de Manuel Rojas, hasta la insólita historia de la vaca del camellón por la que llora Marina Dosal, la aguafrequera, de Francisco Hinojosa.
Toda antología es necesariamente una selección muy personal sobre el tema de referencia. En este caso es importante destacar el buen gusto, casi diría el placer de la editora al conjuntar una serie de historias que al lector, en la mayoría de los casos, le dejará un buen sabor de boca. En todo caso, el menú es amplio y podrá elegir lo que más le apetezca.


Jorge Demetrio Ambriz
Lengua y literaturas hispánicas

Cuentos sobre la mesa. Sara Poot Herrera (ed.). México: UNAM / UC-Mexicanistas / Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida / Oro de las Noches Ediciones. 2010.
Disponible en la red de librerías de la UNAM.
www.libros.unam.mx

lunes, 9 de mayo de 2011

Usa protector solar subtitulos en español

Para todos mis amores y desamores. Besos, besos largos como ríos.

martes, 3 de mayo de 2011

jueves, 14 de abril de 2011

La Jornada: Las vacas sagradas ceden paso a nuevas generaciones

La Jornada: Las vacas sagradas ceden paso a nuevas generaciones
Reportaje /Día Mundial del Teatro

El quehacer escénico en México está más vivo que nunca

Las vacas sagradas ceden paso a nuevas generaciones

Reducción de funciones y voracidad comercial, entre los escollos

El dinero se va a la guerra contra el narco, dice Julieta Egurrola

Foto
Elenco de la obra de teatro Achorus Line, durante una sesión fotográfica en el Centro Cultural TelmexFoto Cristina Rodríguez
Foto
Escena del montaje de El jardín de los cerezos, de Chejov, con la Compañía Nacional de TeatroFoto Marco Peláez
Mónica Mateos-Vega y Alondra Flores
Periódico La Jornada
Sábado 26 de marzo de 2011, p. 2

México se une este fin de semana a la celebración instaurada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), del Día Mundial del Teatro, este domingo, con un quehacer escénico más vivo que nunca, pero en plena transformación en cuanto a las formas de concretar los proyectos artísticos.

Así opinan algunos integrantes de la comunidad teatral que hoy día reconoce que las vacas sagradas o lossacerdotes teatrales ceden su nicho a nuevas generaciones de dramaturgos, escenógrafos, directores, actores y promotores culturales, entre otros, quienes apuestan por un trabajo colectivo más allá de egos y gurús.

Consultados por La Jornada,también reconocen varios problemas que acechan la continuidad de su entusiasmo por construir un teatro útil a la sociedad y con la más alta calidad: la reducción, cada vez más frecuente, del número de funciones, la voracidad del teatro comercial, la omnipresente duda respecto de los criterios de otorgamiento de becas y financiamiento oficiales, el adelgazamiento de recursos para la producción de obras, así como políticas culturales que deben replantearse.

Por crear nuevos públicos

En ese panorama aparece como un faro el mensaje que a propósito del festejo promovido desde 1961 por el Instituto Internacional del Teatro de la Unesco ofreció hace un par de días la dramaturga e historiadora ugandesa Jessica A. Kaahwa, titulado Un discurso en favor del teatro como servicio a la humanidad.

La especialista dijo a los teatreros del mundo: La celebración de hoy es un reflejo fiel del inmenso potencial que posee el teatro para movilizar comunidades y tender puentes.

En particular, invitó a reflexionar sobre la posibilidad de proponer al teatro como herramienta universal de diálogo, transformación y reforma social. Mientras las Naciones Unidas gastan colosales cantidades de dinero en misiones de paz por todo el mundo, por medio del uso de las armas, el teatro es una alternativa espontánea, humana, menos costosa y de lejos, mucho más poderosa. Si bien puede que no sea la única respuesta para conseguir la paz, el teatro debería ser incorporado sin duda como una herramienta eficaz en las misiones de paz.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales que realizó el año pasado el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 67 por ciento de las personas consultadas nunca ha visto una obra de teatro.

Ese es uno de nuestros grandes problemas: las personas no saben lo que es el teatro, explica Gilberto Guerrero, director de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), quien recuerda la experiencia que tuvo al administrar durante ocho años el teatro Santa Fe del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuando estaba al frente de la compañía Perro Teatro.

“Trabajamos en una zona olvidada por las políticas culturales de la Federación y de la ciudad, en un teatro hermoso, creamos un público donde no lo había; lo dejamos con piso, butacas y vestuario nuevos. Pero hoy está vacío. Eso quiere decir que gran parte de los recursos que nos dio entonces el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el IMSS se fueron a la basura, así como nuestro trabajo.

Por eso continúa siendo una materia pendiente la creación de nuevo público. El INBA y las universidades deberían retomar programas como el carro de comedias, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), porque es urgente que el público reconozca lo que es el teatro, algo que lo alimenta, algo placentero.

El también politólogo y director de escena detalla que una de las peores cosas que le ocurren al teatro en el país son “ese grupo de seudopromotores que llevan productos horrendos a los estudiantes de bachillerato. Son compañías de teatro hechizas o con actores improvisados que presentan, por ejemplo, Edipo Rey en un montaje hecho en dos semanas.

Además, hay corrupción porque el maestro se lleva una comisión de lo que cobran a los chicos. Rentan teatros que llenan con un mercado que va a fuerza, claro, les deja muchas ganancias en poco tiempo y con poco esfuerzo. En este asunto, que es responsabilidad de las autoridades que supervisan los programas de teatro escolar, falta mucho por hacer, pues hay que ser muy cuidadosos con lo que se presenta a los jóvenes para no ahuyentarlos para siempre de los foros.

Rumbo no muy claro

En opinión de Mario Espinosa, director del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM, en la actualidadtenemos mucho teatro, hay mucha gente haciéndolo; las salas no están vacías, pero al mismo tiempo hay un reacomodo de las formas de comunicarse con el público y deconstruir proyectos.

Quien se desempeñó como secretario ejecutivo del Fonca, reco-noce que el rumbo no está muy claro para el teatro en estos días, pero hay una gran actividad, es un momento donde se reúne enorme energía que está a punto de parir una nueva época, la cual tendrá mucho que ver con la autonomía de los proyectos artísticos, no necesariamente autofinanciables, pero sí económicamene racionales.

Al respecto, el ex coordinador de las tres ediciones del programa de financiamiento México: Puerta de las Américas, sostiene que a la máxima casa de estudios le toca estar presente en esos cambios: “trabajamos en varios frentes para alimentar esos movimientos teatrales. El CUT es una de las escuelas de mayor porcentaje de egresados activos, para seguir siendo así debemos hacer transformaciones de acuerdo con las necesidades de la época, enlazarnos con los movimientos creativos actuales.

Trabajamos en tres frentes: en lo interno, en la renovación de nuestros planes de estudio; estando en contacto con los colegas de otros estados, y vinculándonos con movimientos internacionales. Mientras sigamos pensando que en el teatro sólo hay feudos estaremos perdiendo el tiempo; debemos unir fuerzas para construir un movimiento nacional de teatro.

Supresión de programas culturales

Asimismo, la actriz Julieta Egurrola destacó la falta de un programa integral en materia cultural y la reducción de presupuesto no sólo para teatro, sino otras manifestaciones artísticas, lo que ha provocado la desaparición de programas importantes, por ejemplo Mexicano a escena, Instrumenta o la situación que sufre la escuela que fundó Guillermina Bravo.

Tenemos que ver cómo está el país, de ahí desprender cuál es la situación de la cultura y después el caso específico del teatro. El dinero se va a la guerra contra el narcotráfico, al bicentenario, a las campañas políticas, señaló.

Integrante de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), comenta que aunque la situación es crítica, tiene el privilegio de estar trabajando, pues en dos años y siete meses se han montado 15 obras. Además, celebró la aprobación de la iniciativa de estímulos fiscales para producir teatro y espera brinde resultados.

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Escena de la obra Escaramuza, en el Museo de Historia Natural, el pasado octubreFoto María Meléndrez Parada

En su opinión, las aparentes temporadas cortas son resultado de que la CNT no tiene un teatro propio, por lo que dependen de los tiempos de los recintos de Bellas Artes, sin embargo, se crea un repertorio y las obras se presentan en varios teatros a lo largo del año, incluso El jardín de los cerezos y Desazón comenzarán giras por varios estados.

Abaratamiento de la cultura

El coordinador del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Tibor Bak-Geler Geler, también coincide en afirmar que en México se hace mucho teatro, pero puntualiza que va de la mano con un abaratamiento de la cultura.

Si bien en el Distrito Federal 56.7 por ciento de los encuestados por el CNCA dijo que sí ha ido al teatro, 6.3 por ciento de los que asistieron los recientes 12 meses a alguna función, lo hicieorn en el Blanquita o el Insurgentes, en contraste con el 1 por ciento que fue al teatro al Palacio de Bellas Artes o a algún centro cultural.

Las programaciones de las instancias que debieran fomentar la creación artística de punta se preocupan por llenar salas no con propuestas novedosas, sino basadas en estudios de mercadotecnia, muy comerciales. Se olvidan que al público también se le puede educar no obstante estar en un mundo globalizado, mercantilista y consumista, añade el escenógrafo, pintor y teatrólogo.

Sé que el teatro en México atraviesa por una transición, pero no sabemos hacia dónde va, continúa.Desde la academia vemos que hay grupos que manejan sus intereses particulares y eso se refleja en cómo se distribuye el poco apoyo que hay, en cuanto a las becas, todos sabemos cómo se manejan. Habría que replantear la misma política cultural del país.

Bak-Geler señala que los estudiantes universitarios de teatro centran su atención y talento en los monólogos o en obras con pocos recursos para mantener una movilidad que no existía. Nada que ver con “escenografías fastuosas y escandalosamente costosas como las de la CNT, en las cuales, además, el valor artístico de la obra deja mucho que desear. Así, hay esos extremos de fastuosidad y megalomanía de algunos y, por otro lado, la realidad, el regreso a un tipo de arte povera, pero no pobre en propuesta artística”.

Gilberto Guerrero, director de la ENAT coincide con Tibor Bak-Geler en señalar que se esperaría otra cosa de la CNT, en particular, “más funciones. Alarma que las temporadas de teatro, en general, sean cada vez más pequeñas; no se pueden morir montajes en 12 funciones, mucho menos en dos o tres. Es caro, es injusto socialmente gastar dinero en algo que sólo se verá unas cuantas veces.

“Sí, se percibe un horizonte diversificado y vital en el teatro nacional, sobre todo porque quienes somos maestros no nos convertiremos en las vacas sagradas que fueron nuestros mentores, es más sano. Los proyectos ya no son del gran sacerdote director, sino un trabajo colectivo. Antes eran las familias de los maestros (Ludwik) Margules, (Héctor) Mendoza. Ahora hay una base más amplia y diversificada, y eso es síntoma de vitalidad.”

Susana Meza, coordinadora de Tepito Arte Acá, teatro con identidad, afirma: “veo un teatro poco vinculado con el público; como público estamos expuestos a la ‘aburrición total’ o al sentimiento de culpa por ser más personas en el escenario que en las butacas (además de que entre esos pocos asistentes, entrar con cortesía es la norma). Creo que, por un lado, hay necesidad de una educación artística más intensa a niveles básico, medio y medio superior, para generar un hambre por el arte en capas de la población más extensas. Por otro lado, veo la necesidad de programadores de teatro comprometidos no sólo con la generación de contenidos sino de públicos. Finalmente, veo que las compañías independientes necesitamos más productores, promotores y gestores de teatro, para que nuestros esfuerzos creativos no queden a la deriva en un ambiente social hostil a la creación escénica. Hay que vincularnos con la gente. Sin público, el teatro es como hacer el amor a uno mismo: una chaqueta.

Deterioro del tejido social

En opinión de Sebastián Liera, egresado del CUT y profesor en la Escuela Superior de Artes de Yucatán, “el oficio y ejercicio del teatro en México es un botón de muestra del deterioro en que se encuentra el tejido social, debido a las erráticas políticas públicas emprendidas por los tres niveles de gobierno y sus poderes republicanos, así como las criminales prácticas comerciales de los poderes fácticos que operan desde la iniciativa privada y la lamentable ausencia de procesos organizativos por parte del así llamado tercer sector y la no menos cómplice ‘comunidad teatral”’.

Integrante de la asociación civil Teatro Hacia el Margen y colaborador de las compañías Murmurante Teatro Producciones y Borba Teatro, Liera añade que “al sector público no le interesa en lo mínimo cambiar la práctica de saqueo en que tiene sumido al país, y eso se refleja en las políticas culturales que atañen directa e indirectamente al quehacer teatral en México.

“Lo más ‘progresista’ fue la creación del artículo 226-bis de la Ley del impuesto sobre la renta (ISR), que, por un lado, a pesar de sus virtudes, puede convertirse en la renuncia de la administración pública a subvencionar la producción teatral y, por otro, resulta bastante limitada ante la constante reducción del presupuesto en materia cultural y la creciente implementación de impuestos como el impuesto especial a tasa única, por no hablar de los mecanismos siempre cuestionados que enmarcan la toma de decisiones respecto de qué proyectos son susceptibles de ser apoyados por el fideicomiso correspondiente.”

Su visión desde una entidad de la República es que la aparición del artículo 226-bis de la ley del ISR, “no basta para detener el deterioro en que se encuentran las casas de cultura del país y los centros culturales de las universidades en los estados.

“Las bondades de la reforma legislativa empujada por la senadora María Rojo y la ‘comunidad teatral’ brillarán por su ausencia en dichos espacios y no alcanzarán a modificar el quehacer escénico en éstos, donde la mayoría de los directores reproducen las fórmulas harto sobadas de antiguas glorias haciendo de lo que debería ser una experiencia vital una mera pieza de museo.”

Así es, a grandes rasgos, ese teatro mexicano, vivo, pero lleno de contradicciones que este fin de semana está de fiesta.

Goodbye my lover - James Blunt ( Subtitulado Ingles - Español )

good bye my captain!

I REALLY WANT YOU - James Blunt (Subtitulado en ESPAÑOL / ENGLISH subtit...

for my lover!!

domingo, 10 de abril de 2011

Oscuro bosque oscuro, de Jorge Volpi

Nota: esta entrevista se publicó en El Espectador y acá la primera parte. 

¿Cuántas obras literarias corren el riesgo de no llegar a manos del lector por culpa de los caprichos comerciales de las editoriales? Miles, con seguridad. Un caso reciente es el de Oscuro bosque oscuro (Ediciones B), novela experimental deJorge Volpi escrita en verso. 

Con 42 años de edad, el precoz mexicano ha publicado once novelas y seis libros de ensayo de alta calidad, según los críticos literarios y los jurados de los premios que le han otorgado. Es uno de los escritores más importantes del continente y aún así tuvo que acudir en su país y en España a editoriales independientes para lograr la circulación restringida de esta “historia de terror”. 

En Colombia a nadie le interesó excepto a un editor enamorado de la poesía comoAlfonso Carvajal. No pudo publicarla hace un año en Random House Mondadori, pero lo impactó tanto, por la estética de su construcción, que se salió con la suya editándola ahora en Ediciones B y anotándose el que debiera ser uno de los éxitos de la Feria del Libro de Bogotá, la primera semana de mayo, a la que Volpi aspira a venir. 

“No es un libro de poesía”, me recalca Volpi vía internet mientras prepara el trasteo desde su amado Distrito Federal, donde trabajó cuatro años como director del cultural Canal 22, hacia Roma donde fue nombrado agregado cultural de la Embajada de México. Sí, de acuerdo. No es que quiera dárselas de poeta, pero sí poner la versificación o “prosa cortada” al servicio de la narrativa para lograr una novela surgida de la línea de experimentación trazada primero por Ovidio (Las metamorfosis), luego por Pushkin (Yevgueni Oneguin) y en los últimos tiempos por Benedetti (El cumpleaños de Juan Ángel), Ransmayr (El último mundo) ySeth (The Golden Gate). 

Volpi tampoco lo hace para matricularse junto a ellos, sino porque la Segunda Guerra Mundial y el genocidio ordenado por Hitler siempre lo han inquietado. En este caso el asesinato, en Julio de 1942, de 1.800 judíos de un pequeño pueblo de Polonia a manos de un batallón de la policía de reserva, veteranos alemanes bajo órdenes de las SS. Aunque ya había capitalizado el tema con En busca de Klingsor (Premio Biblioteca Breve), el drama de los niños sacrificados le seguía dando vueltas en su pelada cabeza, hasta que una imagen se convirtió en verso y el “Había una vez…” en el irreverente punto de partida de una antifábula que cuenta el terrible sacrificio de 2.812 “insectos” en seis horas y media. 

Una estructura fragmentaria matizada por una paradójica nueva versión de los cuentos de los hermanos Grimm, surgidos casualmente de los mismos bosques que Volpi recorrió en su investigación sobre los nazis. Hansel y Gretel devorados por la bruja; Caperucita roja devorada por el lobo; la Cenicienta, que nunca sale del encierro al encuentro con el príncipe y muere de hambre; el flautista de Hamelín, que no conduce ratas, sino niños hacia un despeñadero. La maldad humana y la inocencia infantil en un juego casi musical. Una tarea ambiciosa, que en manos de un escritor sin dominio de la técnica hubiera terminado en desastre, se convierte en una bella pieza en la que Volpi moldea la narrativa, apoyándose en las comas, hasta lograr un ritmo en el que las reiteraciones parecen cánticos de un escritor melómano, descubierto a finales de los 80 a partir del libro de cuentos Pieza en forma de sonata, para flauta, oboe, cello y arpa. 

Invita al lector a marchar a la guerra junto a personajes como Luk Embler, un panadero quebrado; Jon Guridien, un cabo perturbado; el enamorado subteniente Drajurian; el exfabricante de juguetes y ahora de armas Erno Satrin; el ambicioso sargento Amat, un malvado leñador y su esposa; el disciplinado pero sensible capitán. En medio de ese concierto de voces convence al lector de incluir su partitura, un diario a través del que puede ser juez y parte de las historias hasta el desenlace. “Comprendes ahora, lector, que ya nunca saldrás del oscuro bosque oscuro”. Contención, silencios, significación, tres factores que ameritan que esta novela condensada en apenas 125 páginas sea leída y analizada con detenimiento. 

Un autor con un gran presente y un gran porvenir en la literatura. Incluso, el Foro Económico Mundial lo exaltó en 2007 como uno de los líderes globales jóvenes con mayor futuro. No es exagerado decir que la capacidad creativa de Volpi es prodigiosa, así ejerza trabajos de tiempo completo, porque nunca deja escribir. El niño negado para el fútbol, pero tan brillante que pensaba en ser científico, se prepara para lanzar en Abril, con Alfaguara en España, un ensayo sobre el cerebro y la ficción literaria titulado “Leer la mente”. 

- ¿Cómo llegó al punto de fusionar el verso y la novela? 
- Cuando encontré el tema del libro, esta historia en torno a los genocidios, me di cuenta de que la propaganda y su repetición constante se hallaba, en buena medida, en el origen de estos terribles acontecimientos. Así que busqué un ritmo narrativo que recordara esas repeticiones constantes y obsesivas de la propaganda nazi o de los mensajes por la radio de Ruanda, y me di cuenta de que sólo el verso libre, lleno de repeticiones, más que de rimas, podría servir para crear ese ambiente hipnótico en el lector. 

- ¿Cuáles son sus autores de referencia a nivel poético y cuáles consultaba mientras escribía Oscuro bosque oscuro? 
- Insisto: no es un libro de poesía, sino una novela que usa el verso libre como recurso narrativo. Así que más bien pensaba en otras novelas en verso escritas últimamente, de autores como Seth o Ransmayr. 

- ¿La escribió como se lee: rápido? 
- No, no tan rápido. Nunca había escrito así, en verso, en donde cada palabra adquiere un peso mayúsculo, así que ese era el principal reto: encontrar, a cada momento, la palabra justa. 

- Las reiteraciones resultan claves en la narración. ¿Cómo descubrió esta musicalidad? 
- El ritmo era lo central; tenía que afinar el oído, algo que no siempre hacemos los narradores. 

- También hay un concierto de comas. ¿Así encontró el ritmo vertiginoso y el estilo? 
- La ausencia de puntos convierte el texto en una larga plegaria, y la vuelve, en efecto, vertiginosa.

viernes, 8 de abril de 2011

Elogio de la lectura y de los libros por Álvaro Mutis


"Leer un libro es volver a nacer. Es el camino para apropiarnos de un mundo y de una visión del hombre que, a partir de ese momento, entran a formar parte de nuestro ser. Una lectura disfrutada con riqueza y plenitud, es la conquista más plena que puede hacer un hombre en su vida. Hay una condición esencial que hará que este regalo de los dioses sea para siempre. La lectura debe causarnos placer. Un placer que venga de lo más hondo del alma y que ha de quedarse allí intacto y disponible. Esto nos llevará a otro de los dones que concede la lectura y es la relectura. Así, volver a leer un libro tendrá siempre una condición reveladora y es ésta: a cada lectura el libro se nos va a presentar con un nuevo rostro, con nuevos mensajes, con otros ángulos para percibir el mundo y los seres que lo pueblan.
Suele hablarse en estos tiempos de la desaparición del libro por obra de tecnologías aparentemente inevitables. Grave error el pensar así. El libro acompañará al hombre hasta su último día sobre la tierra. Sencillamente porque ha sido la más alta representación de la presencia del hombre en el universo. Cuidemos el libro, amemos el libro, en el libro se esconden las más secretas claves de nuestro paso por la tierra, el más absoluto testimonio de nuestra esencia como hombres. El libro es el mensajero de un más allá cuyo rostro no acabamos de percibir"

Besos, besos largos como ríos. Sofía

jueves, 7 de abril de 2011

Chéri, de Gabrielle Sidonie Colette


Terminé la lectura de  Chéri, de Gabrielle Sidonie Colette. Y sí, digo ayer porque literalmente me lo leí en una tarde. ‘Chéri’ es una de esos pequeños libros joya, tan bien presentado por Lumen, pequeñito, con tapa dura, sobrecubierta, una portada elegante y un argumento aparentemente banal. Simplemente perfecto.
‘Chéri’ nos sitúa en 1912 y nos cuenta la historia de Léa de Lonval, una mujer madura pero con una belleza aún abrumadora. Una vividora, que ha sobrevivido de amante en amante con la dignidad y el porte de una reina. Así, esta mujer experta comenzará una relación con Fred Peloux, amorosamente apodado Chéri, un joven de diecinueve años, hijo de su mejor amiga y contrincante. El joven Chéri vivirá durante seis años mimado y asistido por Léa, hasta que la cruel realidad deberá ceder ante el paso del tiempo. Chéri contrae matrimonio y ambos deberán enfrentarse a sentimientos encontrados.
Una novela sobre la dureza del amor, el deseo, la felicidad, la belleza y los estragos del tiempo. Una historia cruel sobre una sociedad hipócrita, de moral laxa y costumbres mundanas, donde aparentar es más que ser, y los sentimientos deben ser reprimidos a toda costa. ya sabes esto del cougar style.
‘Chéri’ es una novela de personajes. Léa de Lonval, la hermosa mujer madura que ve cómo se le escapa el tiempo; Chéri, mimado y confundido, egoísta hasta los extremos más insospechados y capaz del amor más grande imaginado;Charlotte Peloux, la madre de Chéri, a quien Léa y este llaman ‘la arpía nacional’, dañina y venenosa; Edmée, la joven y sufrida esposa. Todos ellos conforman un fresco impresionista de época única.
Gabrielle Sidonie Colette nació en 1873 en un pequeño pueblecito de la Borgoña francesa. Tras su infancia feliz, vendría su matrimonio con Henry Gauthier-Villars, un vividor parisino. Sin embargo, harta de que su marido firmara sus obras descaradamente y le fuera infiel en multitud de ocasiones, Colette se independizó y se dedicó a la escandalosa vida teatral. De estos años datan sus aventuras con otras mujeres y sus vivencias más disipadas. Más tarde se casará con Henry de Jouvenel, un periodista, con el que tendrá su única hija. En 1923 también se divorciará de Jouvenel, y ya con cuarenta años vivirá una relación amorosa con su joven pupilo, el hijo de un amigo. En 1945 fue elegida miembro de la Academia Goncourt. Murió en 1954, y es la única escritora francesa a la que se le han concedido funerales de estado.
Hace poco se ha hecho una adaptación para el cine, dirigida por Stephen Frears, con Michelle Pfeiffer y Rupert Friend como la pareja protagonista y la verdad es que después de leer el libro estoy deseando verla. Por si quieres curiosear, aquí puedes ver el trailer en español
Ya había leído de Colette dos obras antes, El trigo en ciernes (que también he visto traducida como El trigo verde) y La ingenua libertina. Las dos me gustaron mucho, especialmente, ‘El trigo en ciernes’, por lo que cuando vi este título no pude resistirme. Perfecto para una tarde de lluvia, y otro clásico para mi biblioteca.
Se exhibía a la plena luz, hacía girar la cabeza, abría de par en par sus ojos que parecían negros, pero cuyo oscuro tono marrón y rojizo conocía Léa. Ella tocó con el índice, como para designar y elegir lo más raro y precioso entre tanta belleza, las cejas, los párpados, los ángulos de la boca. Por un momento, la forma de aquel amante al que despreciaba un poco le inspiraba una especie de respeto.
Editorial Lumen
176 páginas
ISBN: 9788426417459

jueves, 31 de marzo de 2011

Jorge Ibargüengoitia

Jorge Ibargüengoitia




Columnista de Vuelta, Proceso y el Excélsior, dramaturgo de un acto y muchas gracias, cuentista (sus relatos fueron recogidos en el volumen La ley de Herodes), mamagallista como pocos, Jorge Ibargüengoitia salpimentó las letras mexicanas entre 1954, cuando apareció su primera obra,Susana y los jóvenes, y 1983, cuando se vino a tierra cerca de Madrid el avión de Avianca en que viajaba, y que también se trajo a tierra a Martha Traba, Ángel Rama, Manuel Escorza y otras 177 personas, entre pasajeros y tripulación.

De sí mismo escribió: “Nací en 1928 (el 22 de enero) en Guanajuato, una ciudad de provincia que era entonces casi un fantasma. Mi padre y mi madre duraron veinte años de novios y dos de casados. Cuando mi padre murió yo tenía ocho meses y no lo recuerdo. Por las fotos deduzco que de él heredé las ojeras [...] Crecí entre mujeres que me adoraban. Querían que fuera ingeniero: ellas habían tenido dinero, lo habían perdido y esperaban que yo lo recuperara. En ese camino estaba cuando un día, a los veintiún años, faltándome dos para terminar la carrera, decidí abandonarla para dedicarme a escribir. Las mujeres que había en la casa pasaron quince años lamentando esta decisión ‘lo que nosotros hubiéramos querido’, decían, ‘es que fueras ingeniero’. Más tarde se acostumbraron”.

En 1964 Monsiváis se le fue encima —bueno, no a él, a sus artículos—, y en la última crítica de teatro que escribió se despidió de él y de sus lectores con estas palabras: “Los artículos que escribí, buenos o malos, son los únicos que puedo escribir, si son ingeniosos [...] es porque tengo ingenio, si son arbitrarios es porque soy arbitrario, y si son humorísticos es porque así veo las cosas, que esto no es virtud ni defecto, sino peculiaridad. Quien creyó que todo lo que dije fue en serio, es un cándido y quien creyó que todo fue broma, es un imbécil”.



De la castidad y otros malos hábitos

Ante la amable petición de quien tan acertadamente dirige, redacta, forma, etc., esta revista, en el sentido de que escribiera alguna cosilla acerca de los paraísos artificiales, me dirigí al docto Mimí Pinzón, quien me proporcionó el fichero que adjunto a continuación. Dice así:

Alpipsia. Vicio de Alpeps. Consiste en llegar de la oficina a las siete de la noche, o a más tardar al cuarto para las ocho, quitarse los zapatos, el saco y la corbata, guardar todo con esmero y luego, en calcetines, entrar en la cocina y preparar un batido de lo siguiente: soletas, leche condensada, mermelada de zarzamora, un poco de vainilla y tres huevos, se le agrega ron al gusto y luego, se lo toma uno frente a la televisión. Este vicio, como puede verse fácilmente, es de principiantes y de asalariados.

Cenotipia. Consiste en trabajar bombas centrífugas, autosebantes o tractores diesel, sudar copiosamente, caminar una hora antes de llegar a casa, no tener luz eléctrica en la casa, encender un quinqué, quitarse la camisa y los pantalones que huelen a diesel, y ponerse otros medio limpios, pero que no huelen a diesel, llenar una palangana de agua limpia, y lavarse la cara y los brazos con jabón Heno de Pravia, cenar hojas de naranjos y tacos de frijoles con chile, y luego, sentarse en unachaise longe a leer Vogue, Harper’s Bazaar y las obras completas de Eudora Welty.

Cornucopia. Consiste en tener un pleito con la novia a raíz de una discusión acerca de si es conveniente o no comer tortas en los camiones, arrojar siete pesos de tortas por la ventanilla, bajarse en una esquina imprevista, ver cómo se aleja el camión con la novia llorosa, caminar veinticinco cuadras, llegar a casa, poner en el tocadiscos la pieza predilecta de la novia, apagar las luces y acostarse en el piso de la estancia despatarrado, mirando al techo con una mueca de dolor.

Disotermia. Consiste en vivir en pecado con una joven durante tres años, aburrirse de ella, descubrirla cuando un hombre, de preferencia de origen argentino, le besa la mano, comprar un boleto para los ejercicios de encierro del padre Pérez del Valle S. J., pasar dos días levantándose a las cinco de la mañana, bañándose en agua fría, comiendo comida de monjas y haciendo otras mortificaciones, y luego, en un orgasmo de santidad, confesar: “¡Padre, he vivido en pecado!”.

Dipsomanía. Consiste en prometerse uno mismo no tomar copas en dos semanas. Entrar el primer sábado a las doce del día en el Sorrento, encontrarse con media docena de periodistas de segundo orden (cada uno de los cuales se ha prometido a sí mismo no tomar copas en dos semanas), caminar los siete hasta La Universal, saludando gentes en la Avenida Juárez, tomar cuatro cervezas en La Universal, Pagar la cuenta, caminar hasta La Mundial, tomarse otras cuatro cervezas y gastar cuarenta pesos en las rifas de pollos; no sacarse ninguno; organizar una expedición punitiva para ir a comprar tacos, ir a comprar tacos, comerse los tacos con otras cuatro cervezas, pagar la cuenta, caminar hastaAmbos Mundos, pedir ron Castillo, hablar del pecado original y tirar la tercera copa de ron Castillo, despedirse de los que se van, ayudar a vomitar a los que se quedan, hablar de la vida íntima, y del pasado, tirar otra copa de ron Castillo, pagar con un vale, caminar hasta el Caracol, bailar, beber, y luego, después de un pleito con los meseros, dejar empeñadas las plumas fuente y los relojes.

Eupepsia. Consiste en no dar limosnas a los pobres. Es más, consiste en contestarles de mala manera. Por ejemplo: si un niño se acerca a pedir un “quinto para un pan”, se le contesta: “desde luego que no te lo doy, muchachito”. Y se agrega, como para uno mismo: “Desde chiquitos se acostumbran a no trabajar”. A ésos que vienen a pedir trabajo, se les contesta: “¡Pero si usted tiene la cara llena de pústulas!”. A los que vienen de Querétaro y no tienen con qué regresar: “Usted lo que quiere es emborracharse, en su rostro se ven los estigmas de todos los vicios”. A las mujeres que traen receta y no tienen para la medicina: “Vaya a la Cruz Roja, allí todo lo regalan”. A los ciegos que quieren cruzar la calle: “Cómprese un perro de esos amaestrados, hay unos muy buenos”.

Geodesia. Es el vicio de los Magallanes frustrados. Consiste en tener enmarcado un plano de la Ciudad de París del siglo XVIII, beber Pernod de 45 grados, poniendo el hielo primero y teniendo cuidado de que se queme antes de agregar el agua, pasar queso Camambert en una tabla después de la comida, probar el vino y decir “este vino era mejor antes”, comprar un libro que se llama Europe Gourmand y dejarlo olvidado arriba de una consola, y discos de Katyna Ranieri y “la Piaff”, y luego, en momentos de intimidad, decir a los amigos:; “si Dios me socorre, el año que viene llevaré a los niños a que conozcan el mar”.

Godonia. Es un vicio femenino. Consiste en leer las obras completas de Eric Fromm y luego, ir descubriendo rasgos femeninos en el marido, que es un orangután; en decirles a los amigos neurasténicos, que no saben amar; en hablarles a las amigas embarazadas de Jonás y la Ballena; en rechazar amistades por “negativas”; en descubrir en sí misma talentos para la poesía y sentirse frustrada ipso facto; en cambiar de peinado cada quince días; en sentir la vida vacía, y luego, en una borrachera, romper una puerta de un puñetazo.

Megapopsis. Consiste en haber tomado Chabils hace cinco años y mencionar el hecho cada vez que se juntan más de cuatro personas; en mezclar en la conversación las aventuras de Carlos (Fuentes), Elena (Poniatowska) y Jaime (Torres Bidet); en recordar vívidamente los detalles de aquella noche sublime en que Serge Lifar inventó el mambo; en conocer a la perfección los hábitos sexuales del Megaterio y del Leviatán y en admirar los sombreros de Jackie. Los adictos a este vicio acostumbran pasar temporadas de un mes en Toluca y platican que estuvieron en Bermudas.

Misticomanía. Consiste en leer el Manual de quiromancia sentado en el excusado, en voltear tazas de café turco, en quedarse absorto contemplando la propia mano, en hacer expediciones a la Colonia Nápoles para consultar a una cartomanciana; en comprar en la Librería Francesa los doce libros de Barbault; en decirles a los amigos que no son del signo que se imaginan, sino de otro mucho más desagradable; en encontrarle a la gente parecido con Lord Robert Baden Powell, e insultarla; en no lavar los platos y decir “es que soy Picis”, o romper la piñanona y decir “es que soy Aries”, o matar al gato y decir “es que soy Cáncer”; en tomar la mano de la recién llegada y decirle “Veo en tu mano que no sabe usted vestirse”, o la del recién llegado y decirle: “Veo en su mano que es usted muy atractivo sexualmente”; o decirle a un hombre: “Tú me vas a amar, yo soy bruja y lo siento en la punta del estómago”.

Positiluxia. Consiste en saber todas las respuestas sin haberlas aprendido; en estar avergonzado de tener casa propia; en comprar un Volkswagen en abonos, y un refrigerador en abonos; en decir la frase: “el sistema bancario mexicano es el agio legalizado”; en abrir una lata de jamón jaleado de $80.00, acordarse entonces de los menesterosos de la India, y comerse el jamón de mala gana; en ir a la representación de las Brujas de Salem; en decir al plomero que en México priva la injusticia y obligar a la criada a recitar Pipa pases para solaz de la concurrencia.

Todos estos vicios están debidamente comprobados, catalogados y sancionados por la Academia de la Lengua, el Instituto de Investigaciones Escatológicas y el Colegio de Cardenales. Esta publicación y yo en particular, nos hemos hecho acreedores de toda clase de bendiciones, agradecimientos y loas por haberlos dado a conocer como lo que son, poniendo de esta manera un hasta aquí a su propagación y ejercicio entre personas ignorantes y distraídas.



Lo fusilamos de: revista S.NOB, n° 7, 15 de octubre de 1962, pp. 11-12. Edición facsimilar, México, Conaculta y Editorial Aldus, 2004. Gracias a Mario Jursich por mostrármela y prestármela.

Mahalaksmi Ashtakam

miércoles, 23 de marzo de 2011

Las ruinas circulares [Cuento. Texto completo] Jorge Luis Borges

Las ruinas circulares[Cuento. Texto completo]Jorge Luis Borges
Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.
El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.
Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.
A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.
Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.
Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.
En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.
Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.
Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.
El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

500 Years of Female Portraits in Western Art




by Philip Scott Johnson
Music: Bach's Sarabande from Suite for Solo Cello No. 1 in G Major, BWV

Un sueño dentro de un sueño de Edgar Allan Poe


Un sueño dentro de un sueño
de Edgar Allan Poe

¡Toma este beso en tu frente!
Y, ahora despidiéndome de ti,
Así mucho tengo que confesar—
No está equivocado, quien estima
Que mis días han sido un sueño;
Aún si la esperanza se ha volado
En una noche, o en un día,
En una visión, o en ninguna,
¿Es por eso menor la ida?
Todo lo que vemos o parecemos
Es solo un sueño dentro de un sueño.
Me paro entre el rugido
De una orilla atormentada por las olas,
Y tengo dentro de mi mano
Granos de la dorada arena—
¡Cuán pocos! aun como se arrastran
A través de mis dedos a lo profundo,
Mientras lloro-¡mientras lloro!
¡Oh Dios! ¿no puedo asirlos
Con más fuerza?
¡Oh Dios! ¿no puedo salvar
Uno de la despiadada ola?
¿Es todo lo que vemos o parecemos
Solo un sueño dentro de un sueño?

martes, 22 de marzo de 2011

LO QUE QUEDA DE PANCHO

miércoles, 16 de marzo de 2011

jueves, 10 de marzo de 2011

Le Cafe

Kali, The Dangerous Mother

DESTRUYENDO LOS ENEMIGOS INTERNOS!!!